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lunes, 3 de diciembre de 2007

ni siquiera a decimo hacer

recordé que solía escribir para relajarme. camino a casa leí lo que alguna vez escribí: una de las tantas historias que no terminé.
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Francis estaba triste, tranquilo pero triste, y triste pasó muchos días. Los pequeños detalles que el reveló de la conversación solo podían significar dos cosas: la desilusión que sentía por tal mujer y sus ganas imperantes de olvidar ese capítulo y no esperar empezar otro en mucho tiempo, o simplemente no empezar otro. Aun así, todo lo pendiente por disculpar estaba disculpado y todo lo pendiente por personar estaba perdonado. La rabia contenida durante el año en que no tubo noticias de ella ya estaba en el olvido y ese rincón de su corazón por fin estaba en paz. Volví a recordar la tesis de ‘amor-obsesión’ con mucha fuerza, porque no pude saber si enamorarme de su sensibilidad viril en todo momento o desencantarme por su rabia contenida durante un año hacia una mujer, porque como fueran ambas cosas, y sin importar en el orden en que se presentaban, causaban estragos si el tiempo pasaba y mis embrollos amorosos internos no se solucionaban. Frente a su tristeza, lo mejor fue cambiar de tema, pero no había ningún tema previsto para conversar. La madrugada tranquila de la cuidad no contrastó con el movimiento del auto, y cuando por fin este frenó delante de mi casa, la despedida fue tan tierna que su magnificencia fue corta en actos y duradera en sentimientos a flor de piel, por que su mejilla estaba fría y su frío me acompaño hasta el alba, mientras pensaba como hacer olvidar a Francis todo lo ocurrido aquella noche.
_______________"A quien espera Francis Backer?"